“El proceso de transnacionalización de la economía colombiana adquirió nuevas dimensiones con la transición del régimen de acumulación basado en la industrialización dirigida por el Estado y la expansión del mercado interno hacia el régimen de acumulación flexible, de financiarización1. De un proceso que había privilegiado la inversión extranjera directa, inicialmente, en el sector primario de la economía, particularmente en la explotación petrolera, se transitó luego –durante la industrialización por sustitución de importaciones- al aumento de dicha inversión también en la industria de bienes de intermedios y de algunos bienes de capital. El capital transnacional controló rápidamente, durante las décadas de 1950 y 1960, las actividades industriales de producción más compleja e impuso una división del trabajo en la que a la capital industrial local le correspondió la “especialización” en la producción de bienes de consumo”.
“(…) Con la transición al régimen de acumulación flexible, cuyos orígenes –en el caso colombiano- se remontan a la primera mitad de la década de 1970, y su despliegue ocurre hacia finales de los años ochenta, se aprecia lo que bien podría caracterizarse como una nueva fase de transnacionalización y de desnacionalización de la economía. Los fundamentos de dicha fase se encuentran en la producción de una nueva espacialidad capitalista, que pretende dar salida a los problemas de sobreacumulación del capital a través de la profundización y extensión de la relación social capitalista”.
“El presente trabajo tiene como propósito principal analizar la tendencia creciente a la transnacionalización y la desnacionalización de la economía, considerando específicamente una economía política de la inversión extranjera. Se trata de un examen en el que ésta, la inversión extranjera, es estudiada de acuerdo con la lógica de la acumulación capitalista y de la producción de una nueva espacialidad del capital. En ese sentido, el trabajo se distancia radicalmente de la mayoría de trabajos sobre inversión extranjera directa que se han producido durante el último período en Colombia. En general, se trata de trabajos escritos desde la teoría económica predominante (la teoría neoclásica con sus múltiples adaptaciones), apologéticos de la inversión extranjera y, por lo mismo, inscritos dentro de una línea de producción de un discurso legitimador de procesos de transnacionalización y de desnacionalización, pese a sus vestimentas técnico-económicas2”.
“(…) Los aspectos centrales de la producción de una nueva espacialidad capitalista en Colombia, así como los elementos básicos de caracterización del proceso de transnacionalización y de desnacionalización (T&D), incluyen el proyecto político de construcción de un nuevo orden jurídico-económico transnacional. Resaltar este punto resulta útil para el entendimiento y la definición del papel protagónico de la inversión extranjera -nuevamente- como un componente esencial de la producción de una nueva espacialidad capitalista y de los procesos de T&D. En entre trabajo se ha denominado como tal orden jurídico-económico transnacional, al orden jurídico (político) de la transnacionalización y la desnacionalización de la economía, esto es, el régimen de inversión extranjera y otras disposiciones del ordenamiento jurídico que refuerzan esa tendencia, los regímenes especiales de comercio exterior y las diversas modalidades de aseguramiento de los derechos de propiedad del capital transnacional, inclusive el proceso de “alistamiento” del orden jurídico económico nacional (en diversos campos), a las demandas del nuevo régimen de acumulación; así como los rasgos de un nuevo derecho del capital, organizador y regulador del proceso de T&D”.
“Nueva espacialidad capitalista y procesos de transnacionalización. La nueva geografía del capital.
En Colombia, la producción de esa nueva espacialidad ha conducido, en primer lugar, a una gradual reorganización geográfica (no concluida) de los circuitos de acumulación, que tienden a desplazarse de la región andina (de las ciudades de concentración de la industria, Bogotá, Medellín y Cali) hacia las costas del Atlántico y del Pacífico, la Orinoquia y la Amazonia”.
“(…) En estos territorios se encuentran importantes fuentes de una nueva acumulación de capital, de una “reprimarización” de la economía sobre nuevos fundamentos, que están en pleno proceso de organización de acuerdo con la lógica capitalista: recursos de biodiversidad (el país es caracterizado como la “Arabia Saudita de la biodiversidad”), fuentes de agua, recursos energéticos y minerales y nuevas economías de plantación (palma africana, caña de azúcar) para la producción de agrocombustibles”.
“(…) Esa constitución de una nueva geografía del capital explica, en buena medida, el “núcleo duro” de la fase actual de la violencia capitalista, pues ella demanda la ocupación de nuevos territorios, así como la desocupación o la reocupación de otros3. Desde allí, se explican también la imbricación del ejército estatal, con fuerzas paramilitares, de éstas con empresas transnacionales, y la más reciente intervención imperialista a través del Plan Colombia; así mismo, algunos desarrollos legislativos (nuevo Estatuto minero, ley de bosques, Estatuto de tierras, entre otros), para darle un cauce “institucional” al proceso. En general, se trata, sin duda, de genuinos procesos de acumulación por desposesión4”.
“(…) Por otra parte, la garantía para que estos nuevos espacios capitalistas logren incorporarse a los circuitos mundiales del capital se encuentra en el desarrollo de una compleja red de vías y de comunicaciones, que en el caso colombiano se encuentra en la formulación de un programa de megaproyectos infraestructurales, articulados a la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA)”.
(…) La producción de la nueva espacialidad ha ocurrido, en segundo lugar, mediante la generación de nuevos escenarios de acumulación, creados por las reformas neoliberales del Consenso de Washington, con las políticas de liberalización y privatización, así como de estabilización macroeconómica”.
“(..) Tales políticas, reafirmaron dramáticamente la lógica de la acumulación capitalista con la desregulación y la mayor precarización de los mercados de trabajo, así como con el desmonte de las débiles instituciones del bienestar; así mismo, la extendieron a nuevos campos, particularmente a través de la expropiación y la apropiación de distintas modalidades de propiedad pública (empresas industriales, instituciones financieras, empresas de servicios públicos domiciliarios, de telecomunicaciones y de televisión, puertos, aeropuertos, carreteras, ferrocarriles, hospitales, función pública, entre otros), y de la creación de nuevos mercados (fondos de cesantías, fondos de pensiones, intermediación financiera en salud, unidos a los que resultan de algunos procesos de privatización). También en este caso se ha asistido a otras modalidades de acumulación por desposesión, tanto a través de la enajenación de activos, como de contratos de concesión5; ésta es por cierto, la forma jurídica más generalizada de la acumulación por desposesión”.
“(..) Atención especial merece la organización del proceso de acumulación con fundamento en la lógica del capital financiero; se ha asistido a un proceso de financiarización del aparato productivo, de las finanzas del Estado, de la economía de los hogares, de la vida cotidiana. Uno de los ejes de las políticas neoliberales ha consistido precisamente en estimular el mercado de capitales en sus diversas modalidades, en propiciar la intermediación financiera en todos los campos de la vida económica y social, en impulsar una gigantesca industria del aseguramiento (desde el seguro contra el robo hasta los “sistemas de protección social” como respuesta al riesgo y la incertidumbre), entre otros”.
“(…) La producción de una nueva espacialidad capitalista en Colombia se fundamenta, en tercer lugar, en la articulación de las “formas legales” con las “formas ilegales” de la acumulación capitalista, generando verdaderas “zonas grises” de la acumulación y formas criminales y mafiosas de la formación socioeconómica. La transición al nuevo régimen de acumulación flexible, de financiarización, no hubiera sido exitosa sin el surgimiento de un nuevo empresariado vinculado a los circuitos transnacionales de la acumulación: el empresariado de la cocaína. La pregonada estabilidad macroeconómica colombiana y la relativa excepcionalidad frente a las profundas crisis económicas latinoamericanas han descansado sobre el colchón de los capitales ilegales; así mismo, la persistente prosperidad de buena parte de los grandes negocios capitalistas privados en el sector financiero y el mercado de capitales, la industria, la construcción, la hotelería, el turismo, el comercio (incluido el de importación y de exportación), los servicios, el entretenimiento, la salud, la educación; también, ciertos “milagros económicos” (transitorios) regionales La nueva espacialidad implica, igualmente, en cuarto lugar, que se ha asistido a la producción de nuevas modalidades de inserción de la economía colombiana en los circuitos mundiales de la acumulación. Tales modalidades han reforzado precisamente la tendencia a la transnacionalización, con base en un complejo entrelazamiento de factores económicos y financieros con factores políticos y militares, en el que las dinámicas mundiales (regionales) de la acumulación capitalista, especialmente de Estados Unidos, se encuentran con las tendencias “nacionales” y locales del proceso de acumulación. Dentro de las múltiples expresiones del proceso de T&D, dos son los ejemplos de mayor notoriedad en la experiencia reciente colombiana: El Plan Colombia y el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Estos dos ejemplos son la expresión clara de cómo se desarrollan procesos de acumulación conjugando lógicas de poder territorial con la lógicas de poder capitalista. En el primer ejemplo, se trata de un caso de intervencionismo imperialista que, tras la fachada de la “guerra contra el narcoterrorismo”, tiene en realidad el propósito de “asegurar el control territorial sobre una región clave para las nuevas estrategias de acumulación de las empresas transnacionales en la actual fase capitalista, dada precisamente la riqueza en recursos energéticos y de biodiversidad, fuentes de agua, y otros recursos naturales de la región andino-amazónica, así como las proyecciones de los negocios capitalistas en biocomercio, biocombustibles, y megaproyectos infraestructurales, entre otros”8. Este plan de guerra se encuentra se articulado con el Plan Puebla Panamá, un plan de megaproyectos infraestructurales para unir corredores logísticos y biológicos de México con Centroamérica, y la Iniciativa para la integración de la infraestructura sudamericana – Iirsa. En el caso del Tratado de libre comercio con Estados Unidos (así como otros tratados bilaterales de libre comercio que se encuentran en proceso de negociación) se está frente a un punto de llegada (y de partida a la vez) del proceso de neoliberalización de la economía y de la sociedad colombianas; se trata de la reafirmación de la lógica capitalista de la acumulación, con la creación de un dispositivo (supranacional y transnacional) de “juridización” de la apertura total de la economía –dada la materia de los TLC- al capital transnacional, especialmente estadounidense. El TLC se inscribe dentro de la estrategia alternativa de Estados Unidos frente a América Latina ante al fracaso del Área de libre comercio de las Américas. Con él se busca crear un “cerrojo jurídico” de las reformas neoliberales”. NOTAS
1 En la literatura de economía política del desarrollo no existe aún -desde el punto de vista teórico y empírico- una unidad de criterios para caracterizar la tendencia (histórica) actual de la acumulación capitalista; en este trabajo se ha adoptado el concepto de “acumulación flexible” para enfatizar las transformaciones ocurridas en las relaciones entre el capital y el trabajo, así como entre los capitales entre sí; para mostrar, que en otro plano del análisis tales transformaciones ha conducido a la producción de nuevas formas de acumulación, de una nueva espacialidad capitalista. En la producción de esas formas, es indiscutible el papel del capital ficticio, la tendencia a la financiarización.
2 Véase entro otros, Fedesarrollo, “La inversión extranjera directa como impulso al desarrollo”, en Economía y política. Análisis de Coyuntura Legislativa, Fedesarrollo, Bogotá, D.C., junio de 2007. Juan José Echevarría y George R. Zodrow, “Impuestos a las Utilidades e Inversión Extranjera Directa en Colombia”, en Borradores de Economía, no. 348, Banco de la República, Bogotá, D.C., 2005, y Miguel Urrutia Montoya, “Inversión extranjera en Colombia. Un recuento”, en: Revista del Banco de la República, No. 829, 1996
3 El último ciclo de violencia –de los últimos treinta años- además de producir una mayor concentración de la propiedad sobre la tierra, ha provocado cerca de cuatro millones de desplazados forzosamente y decenas de miles de víctimas.
4 Con este concepto, David Harvey pretende acertadamente mostrar la vigencia del concepto marxista de acumulación “primitiva” u “originaria” (acumulación basada en la depredación, el fraude y la violencia), pero actualizándolo. “No parece muy adecuado llamar “primitivo” u “original” a un proceso de que haya vigente y se está desarrollando en la actualidad”. David Harvey, El nuevo imperialismo, Ediciones Akal, Madrid, 2003, p.116.
5 “Lo que facilita la acumulación por desposesión es la liberación de un conjunto de activos (incluida la fuerza de trabajo) a un coste muy bajo y en algunos casos nulo). El capital sobreacumulado puede apoderarse de tales activos y llevarlos inmediatamente a un uso rentable”. Ibid., p.119”.